Aprovechando un hueco en estos días de exámenes y estudios intensos...
La
segunda checa que pruebo:
Pilsner Urquell. Ésta es la, históricamente, genuína de Pilsner (ciudad que la tomó el nombre), una celebrada consecuencia de una nueva manera, por entonces, de hacer cerveza (véase: en la wikipedia
Pilsner Urquell, y
Pilsener).
La destapo. Olor intenso, que me evoca a hierbas silvestres, ¡como a prado checo! El líquido es de un ámbar oscurecido, dorado fuerte. La espuma, en este caso, me sorprende, es más bien poca, y desaparece muy rápido.
Primer sorbo: Destaca el amargor. Es intenso. La “fase malta” pasa muy desapercibida, y en seguida sobreviene el amargor del lúpulo.
El amargor final, a mi parecer, es muy acaparador del sabor del trago. No desagradable, ni agresivo, pero sí muy protagonista. La malta se conjuga mucho con esta fase última del trago, donde es el lúpulo el que manda.
El amargor, pues, perdura, deja su regusto, y parece ser el tono esencial, característico, de esta cerveza, que, por ello, se va bebiendo poco a poco al principio. Con los tragos, eso sí, la intensidad del amargor va relajándose (o lo que es lo mismo, nos vamos habituando a él).
Parece ser que el lúpulo que se usa es saaz, muy valorado, (y oriundo de aquellas tierras). Aunque en la etiqueta de la botella no lo indica. Esta cerveza bien pudiera hacerle honor, dándole casi todo el papel principal.
Lo cierto es que la malta pasa muy rápido. Apenas un suave y fugaz destello, y en seguida el amargor se adueña de la boca. Quizá paseando un poco el líquido por la concavidad bucal podamos apreciar algún matiz de malta más, aunque en seguida se mezcla con el lúpulo.
Trago final: Ligeramente aguado, y con el amargor habitual, aunque intensificado su regusto último.
Tanta era la tradición que casi diría que esperaba algo más especial. La característica fundamental de esta cerveza es el lúpulo, su amargor. Quizá pasados los primeros tragos se va apreciando mejor la conjugación con la malta. Me parece (insisto, me parece; a gustos, colores) una buena cerveza respecto a lo que hay por estos lares; porque, aunque dicho amargor destaque tanto, se llega a disfrutar. El asunto estaría en que quizá esta demasiado presente, dando al trago una simplicidad casi rotunda. Eso sí, he de añadir que me gustó mucho el aroma al destaparla y volcarla al recipiente, es muy evocador.
También la han probado:
Frankeinas,
La Logia,
Max,
Catador,
Chela,
Eremu, y habló sobre cierto asunto de esta marca
Delirium.